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Mi Cali, ciudad que se ahoga de abundancia: sostenibilidad en tiempos de exceso mal gestionado

  • Foto del escritor: Mónica Peláez
    Mónica Peláez
  • 27 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

La semana pasada estuve en Cali, mi ciudad natal, visitando a mi familia y por trabajo. Volver a casa siempre tiene una carga emocional: los olores húmedos del trópico, el sonido constante del agua, el verde intenso de las montañas y los ríos que atraviesan la ciudad. Sin embargo, esta vez el reencuentro vino acompañado de una sensación incómoda.

Cali, una ciudad con lluvias abundantes y múltiples fuentes hídricas, ha sufrido recientemente cortes de agua. Una realidad que se repite en muchas ciudades de América Latina y que plantea una pregunta inevitable:¿cómo puede faltar agua en un territorio donde llueve gran parte del año y los ríos lo rodean?

La respuesta no está en la naturaleza. Está en la gestión.


Cali y la gestión del agua: sostenibilidad hídrica en tiempos de abundancia. Rio Cali

La paradoja hídrica: abundancia sin sostenibilidad

La sostenibilidad no se define por la cantidad de recursos disponibles, sino por la capacidad de gestionarlos de forma eficiente, equitativa y regenerativa. Tener agua no garantiza seguridad hídrica si no existen sistemas adecuados para su captación, tratamiento, distribución y protección.

En muchas ciudades tropicales, la lluvia es abundante, pero los sistemas urbanos no están preparados para aprovecharla. Las infraestructuras son obsoletas, la planificación es fragmentada y la gobernanza del agua carece de una visión integral. El resultado es una paradoja cada vez más frecuente: territorios donde sobra el agua, pero falta sostenibilidad.


Cali y sus fuentes hídricas: un sistema mal articulado

Desde un punto de vista técnico, Cali no es una ciudad con escasez hídrica. Al contrario, cuenta con múltiples fuentes de abastecimiento que, bien gestionadas, podrían garantizar seguridad a largo plazo.

Aguas superficiales

El río Cauca abastece aproximadamente el 70 % del consumo urbano. A este se suman los ríos de ladera —Cali, Pance, Meléndez, Cañaveralejo, Aguacatal y Lili— que nacen en los Farallones de Cali, uno de los ecosistemas más importantes del país.

Aguas subterráneas

El acuífero del Valle del Cauca recorre el subsuelo de Cali, Palmira y Yumbo. Es un recurso estratégico poco aprovechado, escasamente monitorizado y expuesto a riesgos de contaminación por actividades urbanas e industriales.

Aguas pluviales

Cali recibe más de 1.500 milímetros de lluvia al año. Sin embargo, carece de sistemas efectivos de captación, almacenamiento y reutilización del agua de lluvia. Gran parte de este recurso se pierde como escorrentía urbana, generando riesgos adicionales y desaprovechando un potencial enorme.

La conclusión es clara: no falta agua, falta una gestión integrada del recurso hídrico.


Hacia ciudades con conciencia hídrica

El agua no puede entenderse únicamente como un servicio público. Es un eje fundamental del bienestar urbano, la salud pública y la resiliencia frente al cambio climático.

Las ciudades con conciencia hídrica son aquellas que integran el agua en su planificación territorial y económica, protegen las cuencas y ecosistemas que la sostienen, incorporan soluciones basadas en la naturaleza y promueven una cultura del agua en todos los niveles de la sociedad.

La sostenibilidad hídrica no se construye solo con infraestructuras, sino con gobernanza, educación y visión de largo plazo.


El agua como indicador clave en ESG y WELL

En el análisis de entornos desde los marcos ESG y los estándares WELL, el agua es mucho más que un dato técnico. Es un indicador transversal de salud, equidad y resiliencia.

Desde la perspectiva ESG, la gestión del agua permite identificar riesgos operativos, regulatorios y reputacionales, así como evaluar la capacidad de una organización para garantizar la continuidad de su actividad en contextos de estrés hídrico.

Desde el enfoque WELL, el agua está directamente vinculada con la salud humana. Su calidad, acceso y gestión influyen en el bienestar físico, mental y social de las personas. No hay espacios saludables sin agua segura y bien gestionada.


Abundancia sin gobernanza no es sostenibilidad

La participación en espacios como las Mesas de Ahorro Hídrico del Consejo de Sostenibilidad refuerza una idea fundamental: la verdadera sostenibilidad no depende de la abundancia de recursos, sino de la forma en que estos se gestionan y se cuidan.

Cali no se enfrenta a una crisis por falta de agua, sino a una crisis de visión, coordinación y planificación. La ciudad no se ahoga por escasez, sino por un exceso mal gestionado.


Mirar a Cali para entender el reto regional

Lo que ocurre en Cali es un reflejo de una problemática común en muchas ciudades latinoamericanas y tropicales. Territorios ricos en naturaleza, pero vulnerables por una gestión fragmentada de sus recursos esenciales.

El reto de la sostenibilidad urbana no pasa únicamente por nuevas tecnologías, sino por repensar la gobernanza del agua como un activo estratégico para el bienestar, la economía y la resiliencia climática.

El agua está disponible. El conocimiento también.La pregunta es si seremos capaces de actuar con la visión que el contexto exige.

 
 
 

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